TE CONTARÉ UNA HISTORIA…
La isla de las emociones
jorge bucay
Érase una vez una isla mágica donde vivían todas las emociones, convivían el miedo, el amor, la ansiedad, la tristeza… Un día, el Conocimiento anunció que la isla se iba a hundir, ¡qué horror! Todas las emociones empezaron a construir barcos para escapar… Todas… salvo el AMOR.
-Dejar esta isla… con todo lo que he vivido aquí, no me iré- dijo el amor.
Y mientras las emociones se dedicaban a fabricar un medio para irse el amor se subió a cada árbol, abrazó cada rosa…. se le ocurrió que quizá la isla se hundiría durante un ratito y después resurgiría o que posiblemente podría refugiarse en el lugar más alto y salvarse. Cualquier cosa era mejor que tener que irse.
Mientras los demás zarpaban, el Amor seguía aferrado a la isla, hasta que el agua ya casi lo tragaba por completo. Solo cuando ya vió que no había otra salida, desesperado, pidió ayuda al resto de emociones, pero todas lo dejaron atrás con sus barcos. Justo cuando pensaba que todo estaba perdido alguien le chistó:
-Chts-chts-chts…
-¿A mí?- preguntó el amor
-Si ven conmigo, yo te ayudaré, sube al bote- dijo un viejo desconocido

Juntos empezaron a remar y no pasó mucho tiempo hasta que el último centímetro de isla se hundió.
-Nunca volverá a existir una isla como ésta-murmuró el amor, esperando que el viejo lo contradijera y le diera una esperanza.
-No, como ésta, ninguna. Será distinta- dijo el viejo
Una vez llegaron el amor se giró para agradecerle haberle salvado la vida pero éste había desaparecido. Entonces, intrigado fue a buscar a sabiduría.
-Sabiduría- dijo amor- necesito saber quién es el viejecito que me ha salvado
-Amor, -dijo sabiduría- el que te ha salvado es EL TIEMPO, es el único capaz de conseguir que aceptemos la pérdida y darle una nueva oportunidad al amor cuando parece extinguirse.
Al igual que en la historia cuando sufrimos dependencia emocional sentimos que no podemos alejarnos de alguien que nos hace daño, de un vínculo que no funciona.
Toda nuestra estabilidad emocional depende de la otra persona. Nos aferramos tanto que creemos que no habrá nadie igual, y pensar sólo en la pérdida nos aterra, «cualquier cosa es mejor que irse». Tendemos a idealizar a la otra persona y a la relación, la subimos a un pedestal y sin embargo nosotros cada vez nos vamos haciendo más pequeños, tolerando conductas que van totalmente en contra de nuestra escala de valores, que nos hacen sentir mal, intranquilos. Nos vamos perdiendo poco a poco, hasta que nuestra autoestima y la imagen que tenemos de nosotros mismos sale dañada.
Ser consciente es el primer paso, aprender a poner límites con esos vínculos que nos dañan o soltarlos no es nada fácil pero podemos ayudarte.


